La diseñadora francesa fallece en París a los 86 años.

 

Al igual que el buen escritor, cuyas palabras animan. Al igual que el buen escritor, que sueña, comparte y matiza. Al igual que el buen escritor, cuyos trabajos inspiran. Al igual que el buen escritor, vivió y trabajó Sonia Rykiel

Víctima de la edad y del Parkinson que padecía desde hacía años, la diseñadora francesa se despedía a los 86 años desde la misma ciudad de París que la vio nacer, convertida, con el paso de los años, en testigo mudo de sus luchas y sus éxitos.

Fuese por azar o por asuntos del destino, Sonia Rykiel aterrizo en el mundo de la moda cuando al quedar embarazada, y ante la imposibilidad de encontrar algo adecuado a su estado, y suponemos, que de su agrado, empezó a diseñar ropas de punto que terminaría por vender en la boutique que tenía su marido en el parisino barrio du Petit-Montrouge.

 

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Con un estilo colorido, sofisticado y que ante todo sabía transmitir libertad y naturalidad, contrario a los imperantes dictados de la moda y a los voluptuosos diseños de la alta costura, los jerséis de punto de Sonia Rykiel empezaron a acumular admiradores hasta terminar por protagonizar una portada de la revista ELLE en 1963. El diseño en cuestión recibió el nombre de “poor boy sweater”, una prenda de punto ajustada al cuerpo que se convertiría en la prenda insignia de la diseñadora.

Desde aquel momento, se inicio un ir y venir de clientas de renombre como Brigitte Bardot, Catherine Deneuve o Audrey Hepburn. Sus prendas pasarían a venderse en las Galerías Lafayette de París y, tras crear su propia marca y abrir su primera tienda propia en 1968, sus diseños comenzarían a venderse en Nueva York a través de los almacenes Bloomingdale’s y las tiendas Henri Bendel. Sería en su desembarque americano cuando al apreciar el éxito de sus diseños, la prensa la bautizaría como “La Reina del punto”.

Impulsora del prêt-à-porter, Sonia Rykiel se adentró en el mundo de la moda como una sigilosa pantera de ojos rasgados y leonina melena para dotar al punto de una impensable sensualidad desnuda.

Trabajadora incansable, a la moda la abandona más natural y libre de como la encontró. A nosotros, leyendo sus diseños y trabajos como vestigios y recuerdos de lo que una vez nos inspiró. Al igual que el buen escritor.

 

[ Artículo publicado en Vein Magazine]

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