Los vegetales con raíces, origen de la civilización.

 

Al degustar una dulce empanada de boniato, o al aderezar nuestra ensalada con coloridas tiras de zanahoria y vivaces rodajas de remolacha, pocas veces nos paramos a pensar que lo que estamos a punto de morder nuestros labios, no es otra cosa más que siglos de arraigada historia ligada a nuestra propia especie. ¿Acaso no somos más que lo que comemos desde que el mundo es mundo para el hombre?

Recopilando las historias que se esconden detrás de cada alimento, y la importancia que estos han tenido para nuestra evolución como especie, el historiador Maguelonne Toussaint-Samat ha escrito el libro “A History of Food”.

 

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De acuerdo con él, hace aproximadamente unos 10.000 años la especie humana vagaba como tribu nómada, entre los adversos paisajes de un mundo todavía por conocer. No existía ningún tipo de asentimiento, la caza diaria era obligada costumbre, y el simple acto de desenterrar raíces silvestres del suelo podría haber constituido el primer paso hacia la civilización que hoy conocemos.

A medida que estos primeros hombres excavaban con sus ennegrecidas manos en busca de alimentos con las que saciar su hambre, su fértil mente empezaba a idear rudimentarios instrumentos de palos y de piedra con los que explorar la tierra. Del recolectar pasarían al cultivar. Nacería la agricultura. Llegarían los arados y la siembra. Con ellos los silos para almacenar el grano y los molinos. Los caminos, los carros, las villas y las rarezas, de una peculiar sociedad, la nuestra, surgida del desenterrar alimentos con sabor a tierra.

 

vía Saveaur

 

[ Artículo publicado en Fuet Magazine]

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