Una exposición en Munich profundiza en el papel crucial para la historia de la pintura de este color sinónimo de elegancia, distinción y adversidad.

 

Negra noche, negra muerte y negro es el desencanto. Negro el mar desconsolado, y el frío viento que encrespando con su voz la suave piel del mísero desahuciado, viste de luto ojos, vestimentas y otros trapos, haciendo de sus horas melancolía sin luz y negro canto. Negro y tres veces negro. Negro como el del llanto, que despidiéndose no alcanza alegría, placer ni milagro, de ver a un amor rendirse ante trova de tan negro manto.

Pero aparte de la desdicha, de su luto y su pesar, el negro ha sido además el color predilecto de príncipes, emperadores y señoras que veían en el sin color, el color más de moda. Y es precisamente a él, al Negro, y al particular papel que ha jugado a lo largo de la historia del arte, y especialmente de la pintura, a quien la Neue Pinakothek de Múnich dedica su exposición “Drei Farben Schwarz” (Tres colores negros).

 

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“Joven noble español”. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, 1631.

 

La exposición se centra en el siglo XIX, momento en el que el negro comienza a desligarse y a trazar un camino propio dentro de la historia del arte, pero permaneciendo todavía ligado a las tradiciones e interpretaciones más clásicas. Proceso que culminaría con las obras de artistas como Max Beckmann o el suprematista Malevich, que terminarían por liberar al negro de su prisión naturalista dotándolo de entidad propia y la capacidad para protagonizar todo tipo de obras y representaciones artísticas.

Reuniendo un total de 16 obras pertenecientes a las colecciones propias del museo, “Tres colores Negros” enfrenta obras de maestros como Velázquez, Murillo y Simon Vouet con el trabajo de pintores de la talla de Johann Heinrich Füssli, Édouard Manet y Franz Xaver Winterhalter, entre otros.

 

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“San Tomás de Villanueva sanando a un cojo”. Bartolomé Esteban Murillo, 1675.
“Satanás y la muerte separados por el pecado”. Henry Fuseli, 1792-1802.

 

Tanto la diversidad de los enfoques artísticos como las técnicas utilizadas, se aprecian en una muestra en la que 240 años separan la pieza expuesta más antigua, “Joven noble español” de Velázquez, de la más contemporánea, “Desayuno en el estudio” de Manet. Sin embargo, y como señalan desde el propio museo, es sorprendente el parecido que podemos encontrar entre ambos jóvenes. Parecido cuyo resultado queda muy lejos de ser fruto de la casualidad, ya que las pinceladas de Velázquez fueron objeto de estudio y de inspiraron para Manet.

 

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“Retrato de Graf Jenison Walworth”. Franz Xaver Winterhalter, 1837.

 

Pero quizás la obra que mejor transmite el espíritu de la exposición, y responsable en buena parte del nombre que esta recibe, es el “Retrato de Graf Jenison Walworth” de Franz Xaver Winterhalter. Las múltiples tonalidades de negros que recoge la obra, la firmeza de la tela, el resplandeciente brillo del terciopelo y de la seda, junto a los enmarañados cabellos y la esquiva mirada del modelo retratado, sin duda muestran una ardua labor en la que el espectador sabrá reconocer que el negro, nunca es únicamente negro.

 

Tres Colores Negros
Del 5 de octubre de 2016 al 23 de enero de 2017

Neue Pinakothek · Múnich

 

* “Le Déjauner” o “Desayuno en el estudio”. Édouard Manet, 1868.

 

[ Artículo publicado en Vein Magazine]

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